Septiembre es el mes en que la cama pesa. Sacás el acolchado de corderito, guardás las frazadas, y lo que queda abajo se ve plano y sin gracia. Renovar el juego de sábanas entero es caro. Cambiar tres almohadones no lo es, y es lo que más cambia la cara del dormitorio. El problema es que casi nadie sabe qué medida comprar, y termina con fundas que quedan flojas y arrugadas.

Almohada y almohadón no son lo mismo

Vale aclararlo antes de seguir, porque el error arranca acá.

La almohada es la que usás para dormir. Es rectangular, mide alrededor de 45 x 80 o 50 x 70 cm y va debajo de la sábana o dentro de una funda de almohada. Se elige por altura y firmeza según cómo dormís, no por color.

El almohadón es decorativo. Casi siempre es cuadrado, va apoyado contra el respaldo o adelante de las almohadas, y se elige por textura y color. No se duerme sobre él.

Si estás buscando resolver el descanso y no la decoración, lo que necesitás está en almohadas y rellenos, y la elección se hace por posición al dormir, no por lo que estamos viendo en esta nota.

Las tres medidas de almohadón que vas a encontrar

En el mercado argentino casi todo se concentra en tres medidas cuadradas:

Medida Dónde funciona mejor Notas
40 x 40 cm Camas de 1 plaza y 1 plaza y media, sillones chicos El más discreto; en camas grandes se pierde
45 x 45 cm Uso general, camas de 2 plazas en adelante, living El más versátil de los tres
50 x 50 cm Camas de 2 plazas y media, Queen y King Da presencia; en camas chicas tapa todo

No hay una medida "correcta". Hay una proporción. En una cama de 1 plaza, tres almohadones de 50 x 50 la tapan entera y la hacen ver más chica. En una King, dos de 40 x 40 se ven perdidos contra el respaldo.

La regla práctica: cuanto más ancha la cama, más grande el almohadón y más cantidad.

El relleno va una medida más grande que la funda

Este es el punto que arruina la mayoría de las compras, y es el más fácil de resolver.

La mayoría de las fundas de almohadón se venden sin relleno. Vos comprás la funda por el diseño y ponés adentro un relleno que ya tenés o que comprás aparte. Y ahí viene el error: la gente compra funda de 45 x 45 y relleno de 45 x 45.

El resultado es un almohadón flojo, con las esquinas vacías y el centro hundido. Se ve barato aunque la funda no lo sea.

Lo que corresponde es poner un relleno una medida más grande que la funda. Funda de 45 x 45 con relleno de 50 x 50. Funda de 40 x 40 con relleno de 45 x 45. El relleno comprimido llena las esquinas, el almohadón queda parado y firme, y esa es exactamente la diferencia entre una cama de revista y una cama con almohadones tristes.

Si estás reponiendo fundas y no rellenos, en fundas, almohadones y pie de cama cada producto aclara si el relleno viene incluido o no. Leelo antes de comprar: es el dato que después no se puede arreglar.

En cuanto a la cantidad: menos de los que pensás. La cama de hotel usa pocos y bien elegidos; la cama recargada es un problema práctico, porque alguien tiene que sacarlos todas las noches y volver a ponerlos a la mañana.

Una guía razonable por talle:

  • 1 plaza y 1 plaza y media: uno o dos almohadones de 40 x 40.
  • 2 plazas y 2 plazas y media: dos o tres, de 45 x 45.
  • Queen y King: tres, mezclando 50 x 50 con alguno de 45 x 45 adelante.

El número impar suele verse mejor que el par cuando son tres o más, porque rompe la simetría exacta y da un aire menos rígido.

Cómo combinar sin que quede desprolijo

La combinación funciona cuando hay una cosa que se repite y una que cambia. Tres criterios que rinden:

Uno liso, uno con textura, uno con estampa. Si el juego de sábanas ya tiene estampa, que los almohadones sean lisos y jueguen con la textura: lona, tusor, algodón trenzado, piel sintética. Si las sábanas son lisas, ahí sí podés meter una estampa.

Un color del juego de sábanas, repetido. Elegí un tono que ya esté en la cama y repetilo en al menos un almohadón. Eso ata todo el conjunto sin que tengas que acertar una paleta desde cero.

Neutros de base, un acento. Beige, natural, gris y blanco funcionan con todo y no pasan de moda. Sobre esa base, un solo almohadón con color fuerte o textura marcada alcanza. Si querés reforzar la combinación desde la ropa de cama, los juegos por talle están en juegos de sábanas.

Por qué septiembre es el momento

Cuando termina el invierno la cama se aliviana: sale el acolchado pesado, sale la frazada, y queda una superficie más plana y más clara. Ese es justo el momento en que los almohadones se notan, porque ya no compiten con el volumen del abrigo.

Es también el momento de guardar bien lo que sacás, que es lo que determina en qué estado va a estar el año que viene. Si estás en plena mudanza de temporada, conviene revisar cómo guardar acolchados y frazadas al final del invierno antes de meter todo en el placard.

Cuidado y lavado

Casi todas las fundas de almohadón son aptas para lavarropas, pero conviene mirar dos cosas.

La primera es el cierre: lavá con el cierre cerrado, porque los dientes abiertos enganchan y deshilachan otras prendas en el tambor.

La segunda es el material. Las de algodón y lona aguantan lavados frecuentes sin drama. Las de piel sintética y las que tienen flecos o tejidos artesanales piden ciclo suave, agua fría y secado a la sombra: el sol directo endurece las fibras sintéticas y decolora los tonos naturales.

Los rellenos, en cambio, no se lavan cada vez. Alcanza con airearlos al sol un rato cada tanto y sacudirlos para que la fibra se redistribuya.

Elegí la medida por el ancho de la cama, comprá el relleno una medida más grande que la funda, poné pocos y repetí un color que ya esté en el juego. Con eso solo, la cama cambia.

 

Medí el ancho de tu cama y elegí el talle de almohadón que le corresponde antes de enamorarte de un diseño.